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CAVCA VACCEA:                                                                                                                   CAVCA ROMANA:
NUESTROS ANCESTROS LOS VACCEOS

Los vacceos, el más culto de los pueblos vecinos a los celtíberos, como señalara Diodoro (V, 34, 3) siguiendo a Posidonio, entran en la historia de la mano del historiador griego Polibio (3, 13, 5) quien, tomándolo de una fuente anterior, narra la incursión de Aníbal por las tierras del interior peninsular, el verano del 220 a.C, y la toma de las ciudades vacceas de Helmantiké y Arboukále.

Durante buena parte del siglo XX, en el que los postulados invasionistas trataron de explicar el origen de los pueblos perromanos peninsulares, se impusieron, en relación con el que nos ocupa, las propuestas de P. Bosch Gimpera y F. Wattenberg, partidarios ambos de su raigambre céltica y origen extrapeninsular. Para el primero formarían parte de los belovacos que, procedentes de la Europa septentrional, habrían alcanzado estas tierras en la primera mitad del siglo VI a.C, como integrantes de la última oleada céltica, la de los belgas; por su parte, el segundo, partidario de una invasión más continuada, los hace venir del Danubio medio en una fecha posterior, en torno al 400 a.C.

Desde hace algunas décadas, cuando los historiadores han alcanzado a comprender la dificultad de documentar arqueológicamente las migraciones, las teorías invasionistas han venido cayendo en desuso, cuando no en auténtico descrédito, y ha comenzado a valorarse el substrato indígena. Máxime ello en nuestro caso, cuando ni siquiera sabemos, pues nunca hicieron uso de la escritura, qué lengua hablaron los vacceos y, por tanto, si ésta era celta o no; argumento que en la actualidad inclina a no pocos estudiosos a no tenerlos por celtas, aunque sí como fuertemente celtizados. Es así como hoy se admite un cierto continuismo a lo largo de esa última etapa de la Prehistoria que conocemos como Edad del Hierro, en la que, como resultado de una evolución local que contempla fenómenos de aculturación y no excluye posible aportes humanos foráneos, buena parte de las gentes de la cultura del Soto, que configura el Primer Hierro regional, habrían terminado siendo identificadas, avanzada la segunda Edad del Hierro, con los históricos vacceos.


01 Depósito de aperos en una vivienda sertoria-na de Las Quintanas, de Píntia, siglo I a.C.
02 Garios, azadas, pico, reja y vilorta de arado, aguijón y gavilán del depósito.
03 Recreación de una escena doméstica, en una vivienda sertoriana de Las Quintanas.

A grandes rasgos el territorio ocupado por este grupo étnico prerromano, al que en su día se refiriera F. Wattenberg como Región Vaccea, abarcaría la Tierra de Campos, los Montes Torozos, el valle del Cerrato y las campiñas meridionales del Duero, un espacio que, con sus casi cincuenta mil kilómetros cuadrados, comprende la totalidad de la actual provincia de Valladolid y parte de las de León, Falencia, Burgos, Segovia, Ávila, Salamanca y Zamora. Un territorio en el que menudearon, convenientemente dispersos, una serie de grandes asentamientos, de entre 15 y 20 hectáreas de extensión por término medio, que habrían venido a sustituir a las más numerosas aldeas sotenas, cuya población debió ser alentada, u obligada, a instalarse en las nuevas ciudades. Auténticos núcleos urbanos que, a decir de los textos clásicos, pudieron albergar hasta 20.000 guerreros y en los que se organizaba y desde los que se controlaba la actividad política, económica y social; es más, el hecho de que los mismos textos señalen que los romanos orientaban sus campañas contra ciudades concretas y no contra el pueblo vacceo en general y mencionen a un rey en el caso de Intercatia, permitiría hablar de auténticas ciudades-estado hegemónicas, la suma de cuyos territorios respectivos configuraría la mencionada Región Vaccea, en contraposición a la posible idea de una nación vaccea.

Ciudades que, como la ya citada o Pallantia, Rauda, Cauca, Pintia, Septimanca, Amallobriga o Brigeco, por mencionar algunas de las más conocidas, ocuparon los fondos de los valles o los bordes de los páramos. En su interior, viviendas compartimentadas de módulo rectangular, con muros de adobe manteados de barro y cubierta vegetal, se ordenaban, agrupadas en manzanas, en torno a calles que, en caso de estar el recinto amurallado, como ha podido apreciarse en el caso de Pintia (Padilla de Duero, Peñafiel, Valladolid), se orientaban hacia las puertas; aquí, y en la vecina Rauda (Roa, Burgos), se sabe que barrios artesanales de alfareros se localizaban en la otra orilla del Duero, fuera ya del núcleo urbano. Hay que pensar, además, en determinados espacios abiertos de uso público y funcionalidad diversa, caso de plazas o basureros, y aún en posibles santuarios como el intuido en Pintia, fuera de la ciudad de Las Quintanas e inmediato a la necrópolis de Las Ruedas.
Ha sido sin duda alguna el conocido texto de Diodoro (V, 34, 3), relativo a la práctica vaccea que desde J. Costa viene conociéndose como "colectivismo agrario" y según el cual cada año reparten los campos para cultivarlos y dan a cada uno una parte de los frutos obtenidos en común, uno de los argumentos que más han contribuido a extender la idea de que la base fundamental de su economía era el cultivo extensivo de los cereales. A ello han venido a contribuir igualmente el saberles abastecedores de grano a los numantinos en momentos críticos, hallazgos como el de una importante colección de aperos de labranza, junto con una reserva de cereal tenida como sementera, en la bodega de una vivienda de Pintia o el que la Tierra de Campos —el granero de Castilla— se encuentre toda ella en territorio vacceo. Conviene tener presente, con todo, que dicho texto continúa diciendo que a los labradores que contravienen la regla se les aplica la pena de muerte, lo que bien pudiera significar que tales prácticas tuvieran carácter coyuntural, con ocasión de circunstancias críticas como las guerras de conquista o el abastecimiento a los arévacos, y explicaría además lo drástico de la pena impuesta a los infractores.

 
01 Tumba 28 de la necrópolis de Las Ruedas, de Píntía. Corresponde a un aristócrata vacceo sexagenerio.
02 Paisaje funerario de la necrópolis de Las Ruedas.

La arqueología enseña, por otro lado, que la economía tuvo una base mixta, en la que la ganadería jugó un papel importante; así, nos consta la importancia de la cabaña vacuna, seguida de la ovina. En uno y otro caso se sacrificaron animales adultos, lo que indica la optimización de los recursos; con la lana de las ovejas se fabricaron los saga o mantos de lana de que se hacen eco las fuentes, pues sirvieron en ocasiones para hacer frente a los tributos impuestos por Roma —10.000 de estas capas recibió Lúculo tras su asalto a Intercatia— y, por otro lado, la presencia de individuos castrados o con deformaciones entre los bóvidos indica su empleo como bestias de carga y tiro. A considerable distancia se sitúan las evidencia de cerdo y caballo, y todos los yacimientos excavados han proporcionado restos de perro, constatándose incluso su consumo en algunos. A ello hay que sumar las actividades cinegéticas; la captura de ciervos adultos proporcionó no sólo carne sino pieles y astas, en tanto que los porcentajes de conejos, liebres u otras especies no parecen haber significado aportes proteínicos importantes.
En otro orden de cosas ya, señalaremos cómo en la necrópolis pintiana de Las Ruedas ha podido seguirse el discurrir del tiempo, entre finales del siglo V a.C. y el I d.C, tras la excavación de una secuencia estratigrafía horizontal. Los ajuares y ofrendas que comparecen en las tumbas de este importante cementerio de incineración —sobre el que el lector interesado puede encontrar mayor información en el artículo precedente— constituyen una extraordinaria referencia para acercarse a la cultura material de estas gentes y comprender el alto grado de desarrollo tecnológico alcanzado.

 
01 Puñal de tipo Monte Bernorio hallado en la tumba 28 de la necrópolis de Las Ruedas. Sus ricos damasquinados de hilos de plata y cobre evidencian el alto estatus de su propietario.
02 Copa y crátera de la tumba 75 de la necrópolis de Las Ruedas de Pintia. Pertenece igualmente a una tumba de un eques, y en los interiores de ambos recipientes pudo determinarse la presencia de vino.
03 Horno alfarero núm. 2, de cocción cerámica, del barrio artesanal de Carralaceña, en Pintia.
04 Tesoro núm. 2, procedente del poblado de Las Quintanas, de Pintia.

Así, sabemos del armamento, compuesto por puntas de lanza, cortos puñales con su correspondiente tahalí — bellamente decorados en ocasiones con damasquinados en plata— y pequeño escudo redondo o caetra, ambos del "tipo Monte Bernorio", y muy raramente espadas de "tipo Miraveche", de hierro todos ellos. De una rica y variada producción cerámica que incluye, desde las especies a mano decoradas con barrocas impresiones "a peine" a las más finas a torno de pastas grises, que imitan los vasos metálicos, o anaranjadas con motivos pintados en negro; y ello sin olvidar aquellas otras que calificamos de singulares y que incluyen cajitas, canicas o sonajeros, se decoran habitualmente con temas excisos y acompañan con frecuencia a los niños en su viaje al Más Allá. También se recuperan preferentemente en las sepulturas los objetos de adorno, caso de los collares rígidos de bronce o hierro, que conocemos con el nombre de torques y debían portar los hombres, o de los broches de cinturón de "tipo Bureba", las fíbulas o imperdibles de los tipos más diversos y las pulseras que generalmente atribuimos a las mujeres. Por las tumbas conocemos igualmente del banquete funerario, en el que se consumían viandas y se bebía vino, para lo cual se disponía, además de fuentes, de un completo servicio de bebida integrado por grandes copas, que actuaban como cráteras, jarras y copas; una práctica, la del banquete, atestiguada por idénticos vestigios en una vivienda del poblado padillense de Las Quintanas.

La tipología de algunos de esos objetos habla de unas claras relaciones comerciales con los pueblos vecinos, relaciones
a las que cabe atribuir igualmente el aprovisionamientos de metales con los que elaborar, amén de las armas y adornos mencionados, esa personal orfebrería que integran torques, pulseras y brazaletes, arracadas o anillos y que conocemos a partir de tesorillos como los recuperados en ambientes domésticos de Pallantia, Rauda y, muy particularmente, Pintia.

Si como veíamos al inicio de estas páginas los vacceos son mencionados por vez primera en los textos clásicos a finales del siglo III a.C, con posterioridad lo serán de forma reiterada en relación con las guerras con Roma hasta su definitiva conquista el 25 a.C. Es posible que ello supusiera su acceso a un mundo más civilizado, pero nada nos impide imaginar qué hubiera podido ocurrirle a este pueblo culto, creativo y dinámico de seguir otros derroteros el curso de la Historia.


Fernando Romero Carnicero, es Catedrático de Prehistoria en el Departamento de Prehistoria, Arqueología, Antropología Social y Ciencias y Técnicas Historiográficas.Carlos Sanz Mínguez, es Profesor Titular del Área de Prehistoria en el Departamento de Prehistoria, Arqueología, Antropología Social y Ciencias y Técnicas Historiográficas.
Director del Centro de Estudios Vacceos "Federico Wattenberg", de la UVA (2001).

Fuente: Vaccea 2007 número 1, junio de 2008


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