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CAVCA VACCEA:                                                                                                                   CAVCA ROMANA:

CAVCA, GLORIA Y BOTÍN
(DE LA CAVCA VACCEA A LA CAVCA ROMANA)

En el año 151 a.C. -como narra escritor de origen griego Apiano de Alejandría-, penetró el cónsul Lucio Licinio Lúculo con sus legiones hasta las proximidades de la ciudad vaccea de Cauca. Este personaje era el primero de su familia en alcanzar el máximo honor político de Roma y, tal como refleja Apiano en su texto, buscaba gloria y botín. Llegará a Hispania con el objetivo de continuar una guerra que –sorprendentemente para él y para su desgracia- había conseguido poner fin Claudio Marcelo, su predecesor. Por ello, buscará un objetivo atractivo y que le permita resarcir esas necesidades planteadas. Lo encontrará en la justificación de que los vacceos –entre los que se encontraba Cauca- atacaban a los pueblos del sur del Sistema Central, desposeyéndolos de víveres y demás propiedades tangibles. El escritor griego dejará claro en su texto que la realidad era otra. Sin defender a los caucenses, criticará duramente la actuación del romano. Cosas de la política. 

La narración de los acontecimientos que se desarrollaron entre caucenses y romanos es la más antigua de las referencias a un hecho bélico en la provincia de Segovia y, al mismo tiempo, una de las más significativas del valle del Duero. En primer lugar, los caucenses preguntarán al cónsul por sus intenciones, sorprendidos de la presencia legionaria ante las puertas de la ciudad. Tras ello, saldrán de sus murallas de forma rápida y atacarán a las legiones en un momento en el que se encuentran forrajeando. Apiano recoge como el modo de lucha de los caucenses era similar a la infantería ligera. Arrojarán “dardos” a los romanos. En la celeridad y confusión del momento, serán muchos los romanos que pierdan la vida. Una vez organizados éstos, se enfrentarán a los caucenses en un intento de cuerpo a cuerpo que éstos rehuirán. Al retornar de forma apresurada, se agolparán y serán masacrados en las puertas de la ciudad. Cifra Apiano en 3.000 las víctimas indígenas. 

Al día siguiente, los ancianos de la ciudad –el órgano de gobierno más antiguo que se conoce para Coca- saldrán en procesión de sus murallas. Portarán ramas de suplicantes y solicitarán la paz. Lúculo exigirá unas condiciones muy duras para restablecer el orden. Se trata de una rendición en toda regla. La caballería y unas cantidades sorprendentes de plata, destacan entre lo solicitado y concedido. Pero por encima de todo, se producirá un hecho por el que el episodio permanecerá en la memoria colectiva de las gentes del Duero. La toma a traición de la ciudad, bajo la excusa de la recuperación física de los legionarios enfermos, y la muerte de, según Apiano, 20.000 caucenses, masacrados en medio de la incertidumbre. Son hechos que hablan por sí solos de un trato cruel, despiadado. Y también, de la aniquilación de la población. 

Tras este hecho, las fuentes escritas tratarán de forma indirecta la participación de Cauca en las guerras numantinas, dentro del marco central del río Duero. Y nuevamente Apiano citará a los caucenses. Será en relación al año 134 a.C., cuando Escipión –quien había luchado ya en Cauca en el año 151 a.C. a las órdenes de Lúculo-, en su marcha hacia la toma de la ciudad soriana, permitirá a los caucenses regresar a sus casas. Antes de ello, los campos de cereales que rodeaban la ciudad habían sido quemados en varias ocasiones. 

La siguiente noticia sobre Cauca vuelve a ser un hecho bélico y el resultado también es negativo para sus habitantes –recordemos que la historia de la conquista fue escrita por un solo bando, el romano-. En torno al año 75 a.C., los caucenses, recién conquistados por Roma junto a todo el Sur del río Duero, apoyarán a Sertorio en la guerra civil que éste llevaba a cabo en suelo peninsular. La derrota de éste traerá consigo un nuevo castigo a la ciudad, esta vez narrado por Frontino y llevado a cabo por Pompeyo. 

A partir de este momento, la vida de Cauca quedará ligada a la de Roma. El lugarteniente de Augusto, Agripa, realizará un listado de ciudades, en el que incluirá su rango administrativo. Cien años después, el escritor Plinio tomará los datos para redactar su obra “Historia Natural”. Cauca es mencionada entre las vacceas, pero, además, señalada de forma específica como una de las cuatro más importantes de los vacceos. Y añadiremos, es la única de las cuatro que se sitúa al sur del Duero. 

Poco a poco, los modos vacceos dejarán paso a los romanos. Destaca en este cambio de mentalidad de, al menos, las élites, el edificio de Los Cinco Caños. Singular dentro de los escasos restos conservados en Coca, constata la presencia de gentes que hacen patente su gusto clásico, a la manera de los romanos. Se ha constatado la presencia de gentes caucenses –a través de sus epígrafes funerarios- en las ciudades de Segovia y Confloenta (Duratón, Segovia). Se trata de gentes emigradas a las que al fallecer se las tallaba un epitafio en piedra, en el que no faltaba la referencia a su procedencia caucense. También se ha constatado la figura de un caucense en Ávila. Y, además, un último en la lejanísima ciudad de Cesarea, en la Mauritania Cesarense, dentro del territorio de la actual Argelia. Es un caso peculiar, puesto que se trata de un militar que combatía a caballo, como auxiliar del ejército romano, dentro del Ala II, de los Tracios. Este cuerpo militar estuvo durante varios años acantonado en tierras del Duero. Posiblemente fuese allí reclutado nuestro paisano –al que solo conocemos por el nombre de su padre, Saeco, puesto que su nombre se ha perdido- pasando después a combatir en suelo africano, donde finalmente perdió la vida.


Otro documento epigráfico que menciona Cauca se encontró hace unas décadas en la localidad vallisoletana de Montealegre de Campos. Conservado en el Museo de Valladolid, es excepcional en cuanto a su importancia para conocer la evolución jurídica y administrativa de la ciudad. El motivo de la redacción es la renovación de un pacto de hospitalidad entre un individuo de las gentes “Magilancas”, de la ciudad de Amallobriga (ciudad de ubicación desconocida, pero en todo caso al norte del río Duero) y nuestra ciudad. Lo realmente importante para nosotros es que en él se recoge la única mención al Senado y Pueblo de los Caucenses, órgano de gobierno de la ciudad. Además, entre los legados que envió la ciudad para sellar el pacto de renovación, encontramos a dos personajes: Lucio Sempronio Quadrato, caucense de nombre claramente de modelo romano y que debió ser un miembro del senado local. Y Marco Valerio Lentulo, IIVIR –esto es, uno de los dos “alcaldes” que se nombraban cada año para la labor ejecutiva de gobierno. Por último, el hecho de que se recoja a Marco como “IIVIR”, nos permite conocer que Cauca llegó a ser “municipio”, posiblemente tras el Edicto de Vespasiano, allá por el último cuarto del siglo I d.C. Gozaría por ello de un status jurídico superior al de otras ciudades de su entorno –pero similar al de Segovia, Confluenta o Avila-.

A partir del siglo III d.C. –de forma especial tras la muerte del emperador Cómodo, producida a finales del siglo II d.C.- el mundo romano tornará de forma irreversible. Una gran crisis económica, social –y de valores- generó prácticamente un siglo de cambio constante, de errores gubernativos y de vaivenes en el mando del Imperio. Se sucedieron gran cantidad de emperadores, muchos de ellos de origen militar y de nefasta capacidad para el gobierno. El panorama cambiará sustancialmente. Si hasta entonces las élites habían mostrado interés en habitar las ciudades y de participar en su gobierno, la subida de impuestos hará que ahora estos grandes terratenientes se instalen de forma continuada en el campo. Es el momento de esplendor de las “villas”. La musealizada en Almenara de Adaja es un buen ejemplo de este tipo de asentamiento. Una parte dedicada a la vida señorial –el edificio que normalmente se exhibe- y otra destinada a la producción. Se tiende a la autarquía, a la autosuficiencia. En torno a ellas, una gran cantidad de gente humilde, buscará el trabajo que ofrece el propietario, al tiempo que su protección. Llegamos así a los años centrales del siglo IV d.C. Otro buen ejemplo tenemos en el cercano paraje de Matabuey, lugar del que publicábamos restos de mosaicos coloridos hace algunos años.

Víctor Manuel Cabañero Martín. Miembro de la Asociación para la Investigación y el Desarrollo cultural HISTARCO, Historia y Arte de Coca.

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